Cuando en la costa
atlántica la alegría de los primeros pobladores se hizo fiesta, no había con
qué amenizarlas. Eran los días en que empezaban a confundirse las expresiones
culturales de los esclavos traídos del África de los europeos llegados a
América y de los nativos de estas tierras. Carecían de instrumentos para
producir música pero debían ahuyentar la fatiga, las penalidades y el terror de
la muerte. Entonces hicieron flautas y gaitas con las cañas que crecen en los
pantanos, tambores con troncos de árboles y cueros de animales, y les sacaron
música a los primitivos instrumentos con las remembranzas de estos primigenios
grupos de habitantes.
Aquí se halla el origen de
ritmos como la cumbia, la gaita, la puya, el mapalé, el fandango y el porro,
entre otros. Sobre la influencia cultural predominante en la configuración del
porro existe desacuerdo, ya que en este caso, como en la mayoría de
investigaciones acerca de orígenes folclóricos y culturales, se debe acudir al
terreno incierto de la tradición oral, ante la ausencia de otro tipo de memoria
antigua.

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